Esta tarde vi mi blog y sentí una apabullante lástima, como quien mira a un transexual sidoso en el metro y le vale madre cruzarle la mirada y seguir pensando en mamada y media. En este caso no quise tratar asi a mi malquerido blog por lo que esta tarde le regalaré una entrada más para que no diga que soy un culero.
Sigo empantanado en esta chamba de mierda como monitorista de medios y con el cerebro vuelto completamente mierda tras más de tres años dedicándome a perder el tiempo y en malvender mi trabajo. Tampoco le puedo echar la culpa al puto de mi patrón porque parte de la responsabilidad es mía por pendejo y por conformista, pero según los astros (oh, sí, los astros, gracias V. Fox) pronto lloverán ranas y sanarán leprosos.
No puedo decir más porque sino se me vaya a cebar el chiflador. Lo que sí puedo contar es que ahora vivo tranquilamente, algo jodido pero a gusto, en un acogedor departamento al sur de la ciudad con una mujersita maravillosa que tiene el don de hacer que mis ratos de encabronamiento se esfumen como pedo en la montaña y volcar mis impulsivas mentadas de madre en tersos ronroneos treintañeros.
Así, de 11 pm a 6 am me vuelvo suave, babeante y estúpidamente sereno, y el resto del día me convierto en una porquería áspera, gargajeante y obsesivamente pasado de lanza. Ojo, amantes de los trastornos: no soy bipolar, así que no me vengan con mamadas.
Y ya, los dejo por hoy, que me cosquillea una plácida miadota.
martes, 18 de agosto de 2009
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